La primera vez que salí al Atlántico con el sol a punto de caerse por el horizonte, pensé que iba a ser un típico paseo en moto de agua con filtro Instagram. Pero cuando aceleraste a 500 metros de la costa, con La Gomera recortándose negra contra un cielo que ya no sabías si era naranja, rojo o qué demonios era, la cosa cambió. No es adrenalina pura, es otra cosa: una especie de mezcla rara entre velocidad, silencio y la sensación de estar en el sitio exacto en el momento exacto. Claro, luego vuelves con el culo congelado y las gafas llenas de sal, pero eso ya es otro tema.
Vkratce: Lo mejor es el tramo desde Puerto Colón hacia La Caleta al atardecer, con La Gomera de fondo. Lleva una chaqueta cortavientos para la vuelta, porque el viento te baja 5-8 grados de golpe cuando oscurece. El presupuesto ronda los 85-150€ por persona según formato. Consejo clave: reserva entre junio y septiembre si quieres el atardecer más tardío y no volver casi a oscuras.
Por qué una excursión en moto de agua al atardecer es una experiencia única
Tenerife está tirada en el borde oeste de Canarias, así que cuando el sol se cae, lo hace directamente sobre el Atlántico sin nada que lo tape. No hay tierra enfrente, solo agua y más agua hasta América. Y justo ahí, como si alguien hubiera dibujado un decorado, aparece la silueta de La Gomera flotando en medio de toda esa luz naranja. Es fotogénico hasta decir basta, sí, pero también es que la geografía te hace el favor.
Lo que me sorprendió es que a esa hora el mar está más manso. Por la mañana, cuando todo el mundo sale a hacer el tour de delfines y adrenalina, las olas te sacuden más. Al atardecer, en cambio, el agua parece que se relaja contigo. Navegas más suave, no vas dando botes cada dos segundos, y puedes mirar alrededor sin que te entre agua salada en los ojos cada vez que giras la cabeza. La luz baja crea reflejos dorados en el agua que parecen de mentira, como si alguien hubiera tirado purpurina líquida por todo el océano. Es ridículo de bonito, y me da rabia admitirlo.
El momento cumbre es cuando las motos se paran en medio del canal entre Tenerife y La Gomera. Ahí te quedas flotando, con el motor apagado, viendo cómo el sol se hunde en el horizonte. Dura tres minutos, puede que cuatro. Luego arrancas de nuevo y te das cuenta de que ya empieza a oscurecer. La vuelta se hace casi de noche, con las luces de la costa parpadeando a lo lejos. Es raro, un poco inquietante incluso, pero no se olvida.
Opciones de tours, precios y qué incluyen
Hay dos formatos principales: una hora o noventa minutos. La de una hora te da tiempo justo para llegar al punto del atardecer, pararte a mirar y volver. La de noventa minutos es más relajada, puedes explorar un poco más de costa antes de que caiga el sol. Yo hice la de una hora la primera vez y me supo a poco, aunque tampoco es que me sobrara presupuesto.
Puedes ir solo en tu moto o compartirla con alguien. La modalidad individual cuesta desde 85 euros por una hora, y si quieres los noventa minutos, suben a 110. Si vas en moto doble, los precios rondan los 120 euros la hora y 150 los noventa minutos. No es barato, pero tampoco es un atraco si consideras que incluye la gasolina, el chaleco salvavidas, el seguro y, sorprendentemente, la recogida en hoteles cercanos. Esto último me pareció un detalle raro de generoso, porque en Tenerife cobran hasta por mirarte.
Lo que no incluye es comida, bebida ni las fotos que te saca el guía. Esas fotos las venden aparte al final del tour. Te mandan todas las del grupo por correo, pero tienes que aflojar más pasta. Yo no las compré, aunque luego me arrepentí un poco cuando vi las de otros en Instagram. Claro, las mías con el móvil eran una mierda borrosa.
La ruta del atardecer: un viaje por la costa dorada de Adeje
Sales desde Puerto Colón, que es un puerto deportivo en Costa Adeje lleno de yates y gente con polos de marca. Desde ahí, las motos van hacia el oeste, siguiendo la costa a una distancia de entre 500 metros y dos kilómetros. No te pegan a la orilla, así que no ves detalles de las playas, pero sí tienes vistas limpias del horizonte y del cielo cambiando de color.
Pasas por delante de La Caleta, esa playa que llaman "Hippie Beach" aunque ya no queda ni un hippie por ahí, solo turistas con cámaras GoPro. Luego la ruta sigue hacia Playa San Juan, con la luz del atardecer pintando toda la costa de naranja y dorado. Es un tramo limpio, sin demasiadas construcciones a la vista, y eso se agradece porque en Tenerife sur todo está bastante edificado.
El clímax del tour es cuando llegas al canal entre Tenerife y La Gomera. Ahí el guía da la señal de parar, apagas el motor y te quedas flotando mientras el sol se hunde. La Gomera está justo enfrente, oscura como una sombra recortada contra el cielo. Dura poco, pero es de esos momentos en los que no sabes si sacar el móvil o simplemente quedarte quieto mirando. Yo intenté hacer las dos cosas y no hice bien ninguna.
La vuelta empieza unos quince minutos después del atardecer. Ya está oscureciendo, el agua se ve más oscura y el viento se pone fresco. Ahí es cuando te das cuenta de que deberías haber traído esa chaqueta que te dijeron. El agua sigue caliente, sí, pero el viento te baja la temperatura real como si alguien hubiera abierto un congelador en medio del océano. Vuelves casi a oscuras, con las luces de Puerto Colón acercándose poco a poco. Es una sensación extraña, como si estuvieras en una película mala de aventuras.
Planifica tu salida: mejor época y horarios
La experiencia está disponible de abril a octubre, que es cuando el clima en Tenerife se comporta y las horas de luz son suficientes para que no vuelvas a ciegas. De noviembre a marzo la cosa se complica: los atardeceres son tempranísimos y el tiempo es más inestable. Yo intenté reservar en marzo una vez y me dijeron que no había garantías, que podía cancelarse por mal tiempo. Así que ni me arriesgué.
Los horarios de salida cambian según la época del año, porque el sol no se pone a la misma hora en abril que en julio. En abril y octubre, la salida suele ser sobre las siete de la tarde. En pleno verano, julio y agosto, se retrasa hasta las ocho. Y en junio y septiembre, que es cuando los atardeceres son más tardíos, puedes salir entre las ocho y media y las nueve de la noche. Esto último es lo mejor si quieres más tiempo de luz y no volver prácticamente de noche.
Reservar con antelación es básico, especialmente en temporada alta. Las plazas son limitadas porque las motos son las que son y no pueden meter a cuarenta personas en cada tour. Yo reservé con tres días de antelación en agosto y ya casi no quedaban huecos. Si vas en julio o agosto, hazlo con una semana de margen como mínimo.
Guía práctica: todo lo que necesitas saber antes de subir a la moto
Para conducir solo tienes que tener dieciséis años. Si quieres llevar acompañante en una moto doble, la edad mínima sube a dieciocho. El peso máximo por moto es de unos 180 kilos, así que si vais dos personas de buen comer, mejor confirmad antes. Alcohol y drogas prohibidos, obvio, aunque siempre hay algún genio que pregunta.
No necesitas licencia de navegación para estas excursiones guiadas. Esto me sorprendió, porque pensaba que para conducir una moto de agua hacía falta algún papel oficial. Pero no, aquí te dan un briefing de seguridad de diez minutos, te explican cómo funciona el acelerador y el manillar, y ya está. Firmas un documento aceptando seguir las normas del monitor y listo. Supongo que la responsabilidad la cubre el seguro, pero no pregunté mucho.
Lleva bañador, obviamente, y una toalla para después. Las gafas de sol son esenciales, porque vas navegando de frente al sol poniente y si no llevas protección acabas cegado y llorando como un idiota. Crema solar también, aunque sea por la tarde el sol sigue pegando fuerte. Y aquí viene lo importante: una chaqueta ligera o cortavientos para la vuelta. Esto nadie te lo dice con suficiente énfasis, pero es crítico. Cuando vuelves, ya ha oscurecido, el viento sopla más frío y la sensación térmica baja entre cinco y ocho grados. Yo volví temblando porque no llevé nada y pasé un frío absurdo en pleno agosto.
Si quieres fotos decentes, lleva una cámara acuática con correa. El móvil en una funda estanca también vale, pero átalo bien porque si se te cae al agua, adiós móvil. Yo llevé una GoPro prestada y la até con una correa al chaleco, paranoico perdido, pero mejor eso que perderla en medio del Atlántico.
¿Es esta experiencia para mí? Principiantes, adrenalina y fauna marina
El tour de atardecer es menos salvaje que los de mediodía. No es un rally de velocidad, es más bien un paseo escénico con motor. Aceleras, sí, pero no vas a todo trapo todo el rato. La idea es disfrutar del paisaje y de la luz, no destrozarte la espalda dando saltos sobre las olas. Así que si eres de los que buscan adrenalina pura y dura, puede que te resulte demasiado tranquilo. A mí me vino bien, porque después de una semana de turismo intensivo no tenía ganas de morir en el intento.
Para principiantes es bastante asequible, especialmente en días de mar en calma. El instructor va delante marcando el ritmo y tú solo tienes que seguirle. Si es tu primera vez en una moto de agua, igual te conviene probar primero un tour matutino para cogerle el tranquillo, pero si el mar está tranquilo y no eres especialmente nervioso, puedes lanzarte directamente al atardecer sin problema.
En cuanto a fauna marina, gestiona tus expectativas. Es posible ver delfines o calderones, porque la ruta cruza su hábitat, pero la probabilidad es menor que en los tours diurnos. Me dijeron que en los tours de mediodía la tasa de avistamiento es del ochenta por ciento, mientras que al atardecer baja al cuarenta. Los animales están menos activos con poca luz, supongo. Yo no vi nada, solo agua y más agua. Un compañero del grupo juró que vio una aleta a lo lejos, pero nadie más la vio, así que puede que fuera su imaginación o una ola rara.
Para parejas y fotógrafos, el tour de atardecer es ideal. La luz es perfecta, el ambiente es romántico sin ser empalagoso, y las fotos salen bien casi sin esfuerzo. Vi varias parejas haciendo sesiones de fotos ridículas pero bonitas, y la verdad es que el resultado merecía la pena. Eso sí, no te pases de cursi o acabarás siendo el hazmerreír del grupo.
Más allá de la excursión: cómo llegar a Puerto Colón y qué hacer en la zona
Llegar a Puerto Colón es fácil. Si vas en coche, hay parkings de pago en la zona, aunque encontrar sitio en plena temporada puede ser un infierno. Cuenta con quince minutos extra de búsqueda si vas en agosto. En guagua, que es como llaman aquí al autobús, varias líneas paran en Costa Adeje y te dejan bastante cerca. Yo fui en taxi desde Playa de las Américas y me costó unos diez euros, nada del otro mundo.
La dirección exacta es Puerto Colón, Costa Adeje, Santa Cruz de Tenerife. Si usas GPS, mételo tal cual y no te perderás. El puerto está bien señalizado y es bastante grande, así que no tiene pérdida. Eso sí, cuando llegues tendrás que buscar el pantalán número cuatro, que es de donde salen la mayoría de excursiones en moto de agua. Yo me equivoqué de pantalán la primera vez y acabé preguntando a un tipo que me miró como si fuera tonto.
Para comer antes o después del tour, tienes opciones en el propio puerto. Hay restaurantes con vistas al mar, aunque los precios son de zona turística, o sea, caros. Si buscas algo más auténtico y barato, baja hasta La Caleta. Ahí hay bares de pescado fresco donde la gente local también come, lo cual siempre es buena señal. Yo me comí una fritura de pescado en un sitio con mesas de plástico y estuvo mejor que cualquier restaurante con mantel del puerto.
Si necesitas alojarte cerca, Costa Adeje y Playa de las Américas están a tiro de piedra. Hay hoteles de todo tipo, desde resorts con todo incluido hasta apartamentos más económicos. Estar cerca del punto de salida es cómodo, sobre todo si vas a hacer la excursión al atardecer, porque no tienes que preocuparte por llegar tarde ni por volver de noche desde lejos.
Desde Puerto Colón salen otras muchas excursiones: avistamiento de cetáceos, alquiler de barcos, parasailing y demás. Si te sobra tiempo y dinero, puedes combinar varias actividades en el mismo día. Yo solo hice la moto de agua porque mi presupuesto ya iba justito, pero vi gente subiendo a hacer parasailing justo después y parecía que se lo estaban pasando bien.
Preguntas frecuentes (FAQ)
Una duda que vi repetirse en el grupo era si los niños podían subir a las motos. Sí pueden, pero solo como pasajeros. La edad mínima suele ser de seis u ocho años, dependiendo del operador. Siempre tienen que ir acompañados de un adulto, obviamente. Vi a un padre con su hijo de unos siete años y el crío iba agarrado como un koala, muerto de miedo pero contento.
Otra pregunta clásica: ¿qué pasa si hace mal tiempo? La política estándar es que la empresa te contacta para reprogramar la excursión a otro día o te ofrecen reembolso completo. A un conocido le pasó: llegó el día, el mar estaba imposible y le dieron a elegir. Cambió la fecha y pudo hacerlo dos días después sin problema.
¿Hace falta saber nadar? Aunque llevas chaleco salvavidas en todo momento, es muy recomendable tener conocimientos básicos de natación. Si te caes al agua, cosa que puede pasar, mejor que no te entre el pánico porque no sabes flotar. Yo sé nadar lo justo, pero el chaleco te mantiene a flote sin esfuerzo, así que tampoco es que hiciera falta ser Michael Phelps.
¿Puedes conducir la moto a tu aire? No. Es una excursión guiada y tienes que seguir al instructor. Hay margen para acelerar y disfrutar de la velocidad en zonas seguras, pero no puedes irte por tu cuenta a explorar o te echarán la bronca. Yo intenté adelantar al guía en un momento de euforia y me hizo señas para que volviera a la fila. Vergüenza máxima.
¿Es muy diferente de una excursión de día? Sí, bastante. El atardecer es más panorámico y tranquilo, con menos adrenalina pura y más paisaje. El tour de día va más a saco, con mayor probabilidad de ver animales marinos. Depende de lo que busques: si quieres fotos bonitas y un momento más relajado, atardecer. Si quieres velocidad y delfines, día.